La UNTAP denuncia la proliferación de pisos ilegales en los últimos años

La UNTAP denuncia la proliferación de pisos ilegales en los últimos años

La UNTAP denuncia la proliferación de pisos ilegales en los últimos años.

Estos establecimientos pagan las consecuencias de la falta de medidas higiénicas que se da en los locales al margen de la ley.
Compaginar un negocio de eficiencia energética y otro de tatuajes parece algo poco probable. “Imagínate verme vestido con traje y todo” dice McCoy, presidente de la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP) a nivel nacional y dueño de Tattoo Stone, una de las referencias del tatuaje en Málaga. El entrar en su local es casi como entrar a una clínica o a un dentista, todo muy lejos a la imagen alojada en la mayoría de cabezas por culpa de las películas norteamericanas.

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McCoy, como presidente de la UNTAP, tiene una doble cruzada contra la forma en que la crisis ha afectado a los estudios españoles. La primera, la más normal, es la bajada tanto de clientes como de precios, algo generalizado en todo tipo de negocios. La segunda batalla abierta es contra los negocios ilegales que se instalan en casas de particulares o en otro tipo de locales que nada tienen que ver con los tatuajes.

“No es ya cuestión de perder clientes o dinero, es una precaución sanitaria” admite McCoy. El tatuador ha notado un gran aumento de estas casas ilegales en Málaga, “de 10 a 11 en toda al ciudad hace unos años a una o dos en cada barrio”. Esta proliferación se debe al elevado coste de mantener un local de este tipo, además de ser un método fácil para sacar un dinero extra.

“El kit con la máquina y lo necesario para tatuar, si se compra desde China, puede costar 120 euros. En España si lo compras con todo homologado puede costar cerca de los 400” afirma el presidente de la UNTAP. La asociación está muy centrada en las medidas de higiene, y es que estas casas ilegales no tienen ningún control sanitario. “Muchas veces no se toman las medidas higiénicas necesarias porquer el dueño de la casa simplemente no las sabe” aclara una de las tatuadoras de Tattoo Stone, Mariló Fernández.

Lo que más preocupa a McCoy es la esterilización de los elementos. Es necesario poseer un autoclave de clase B, que es un recipiente metálico a presión donde el material queda esterilizado de forma segura. Este aparato, que cuesta 4.800 euros, unido al servicio de recogida de agujas usadas que se debe contratar para que acaben en un lugar seguro y que son 60 euros cada dos meses, son medidas fundamentales que faltan en muchos de estos estudios ilegales.

“En algunas casas para quitarse la aguja de encima se la dan al cliente, para demostrar que la cambian. Lo malo es que la aguja tiene sangre, con el foco de infección que es eso cuando se seca” explicó Fernández, testigo de alguno de estos casos. Esta falta de higiene tiene el peligro de las enfermedades que se contagian de esta manera. “La hepatitis se puede contraer, pero no te das cuenta hasta los dos o tres meses. Así no sabes si la pillaste en el piso donde te tatuaron, por alguna relación sexual o de alguna otra manera” argumentó McCoy.

Fernández es muy escrupulosa con la contaminación cruzada. Esta es la forma de contagio por el contacto con la sangre que puede haber dejado un paciente en el taller de trabajo. Para ello, el material desechable protagoniza gran parte del decorado del taller. Hasta parte de la máquina está rodeada en plástico que después se tira por si salpica algo de sangre.

Lo que trae consigo esta falta de medidas higiénicas en los pisos, es que cada vez que hay una alerta sanitaria por un deficiente uso del material, los inspeccionados sean estos talleres. En Málaga aún no ha ocurrido, pero miembros de la UNTAP en otras ciudades han recibido visitas por estas irregularidades. “Un estudio te lo puede inspeccionar Sanidad cuando sea, pero si en otro local se hacen tatuajes, sino hay denuncia no pueden hacerlo. Y ya si es un piso, sin orden judicial no pueden entrar”, explica la tatuadora.

Desde hace algunos años, la asociación intenta impartir cursos para formar tatuadores y concienciar del peligro que se crea al ignorar las medidas higiénicas, pero según McCoy, la Administración les comprende pero no pueden financiar nada. A cada convención de tatuajes que van, se dedican a impartir seminarios de higiene. Otra forma que estudia UNTAP para frenar la asistencia a estos pisos es la de acudir a institutos a ofrecer información Aún es una iniciativa que se está están estudiando, pero de la que aún no se tiene nada planificado.

La UNTAP es la evolución de la asociación a nivel andaluz que a principios de la anterior década, consiguió en el Parlamento Andaluz que se aprobara una normativa higiénico-sanitaria para regular y controlar esta materia. El próximo objetivo que se ha marcado la asociación es hacer ver a un programa de televisión sobre tatuajes que se emite actualmente que los ejemplos que dan en antena van contra la salud de los pacientes. Y es que como dice McCoy sobre el cuidado sanitario de los materiales en esa profesión, “depende de la ética de cada tatuador”.